11 de noviembre de 2013

ENTRADA 043:

Hoy hemos empezado con otro nuevo proyeto: La Calle. Lo primero que hicimos fue escoger una calle muy especial de la ciudad de Madrid. Una calle poco transitada y menos conocida aún en las cercanías del antiguo gasómetro, cerca de Puerta de Toledo.

Estando ya allí nos informamos sobre la historia de la calle y de los edificios que la componían. No eran esos edificios de una especial belleza o de un carácter histórico único, más bien lo opuesto. Una calle conformada de talleres familiares, estudios, almacenes y negocios abandonados y en alquiler por un lado. Por el otro, negoios abandonados, un DIA, inmuebles y medianeras. Una pequeña calle, callejón mejor dicho, que lleva a nuestra protagonista está colapsada de coches aparcados, lo cual no quiere decir que hubiese muchos coches, sino que esta calle es especialmente pequeña. Tenemos también dos agujeros rectangulares divididos por un muro de ladrillo y de unos dos metros de profundidad, en los cuales hallas plantas, tierra, arena, basura y restos orgánicos (de entre estos destacaba una raspa de pescado). A pesar del ambiente de baja industria y residencia coronada de contaminación olía a croissants especialmente gustosos. Cosas de la vida. No hallamos el origen del aroma.

Saliendo de esta calle nos encontramos con la Calle del Gasómetro y el Jardín del Rastro. Es este un parque triste lleno de mendigos y toxicómanos con un "área infantil" más triste todavía. Pero la hermosa luz y la ausencia de los habitantes hacían de este un hermoso aunque suio y maloliente parque, cuya inmensa chimenea, vestigio de la antigua planta de energía de gas (el gasómetro) da un toque especial a lo que seria un parque muy ordinario sin este elemento.

Nuestra calle es única. Rodeada de espacios especiales. 

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